Fabio Salas y Gerardo Figueroa
Integrantes del Colectivo de Estudios de la Música Popular de la Universidad de Chile.
En primer lugar, vamos a especificar que nuestra ponencia tiene que ver con el rescate de la memoria colectiva en torno a la música popular chilena –concretamente, el rock nacional.
Para cualquier interesado en la materia, lo primero que salta a la vista es la casi absoluta carencia de documentos y referentes bibliográficos que avalen la existencia de este rock en retrospectiva. Esto lo señala como el espacio dentro de nuestra música más desamparado y desprovisto de información adecuada. Si comparamos esta situación con la existencia de libros y discografía que sostienen en nuestros días la presencia de otros géneros –a saber, la recopilación folklórica, la Nueva Canción Chilena o la Nueva Ola-, el déficit se hace mayor.
¿Por qué hacemos hincapié en la necesidad de una investigación detallada?.
Porque la música popular, y dentro de ella, el rock, responde, por sobre todo, a una motivación vitalista que, según el paso de las generaciones, adquiere fisonomía propia.
La música se hace vida, la vida se hace tiempo, el tiempo se torna en memoria. Al rescatar el legado memorial e histórico del rock nacional, estamos rescatándonos a nosotros mismos. No se puede escindir el arte de la vida, como asimismo no se puede separar a la música de su tiempo y su sociedad.
Cuando escuchamos a Los Jaivas, por citar un ejemplo a azar, estamos escuchando la crónica de veinte años de juventud, condicionada por el devenir histórico. Los jóvenes de Piedra Roja y de “Música Libre” tienen su contrapartida en la juventud del Garage Matucana y de La Batuta.
Al final de este viaje por la vida queda un testimonio – en este caso, la música- de lo que hemos sido, lo que aún somos y lo que probablemente seremos. Por lo tanto, proponemos un nuevo mercado para el consumo discográfico: aquel que guarda relación con la memoria cotidiana del rock nacional.
Tan urgente es plasmar un movimiento actual como constatar que el presente tiene soportes en el pasado. La música popular, convencionalmente, posee una finitud temporal, debido a su estructura de difusión y consumo; pero la contradicción aparente se resuelve en la constatación del rango artístico del legado histórico del rock nacional. La música y la memoria se funden en un todo sensible y preceptivo –energía, a fin de cuentas, pura vida que recorre el espacio en busca de un canal adecuado. ¿Por qué cada día más y más jóvenes se interesan por la música de los 60 y de los 70? ¿Qué hace que artistas desaparecidos hace veinte años, todavía mantengan su vigencia intacta?.
Lo que para los europeos puede ser una ironía propia de la cultura postmoderna, para nosotros es la reafirmación de algo que hemos sido, aunque sea vagamente. Tal vez el acercamiento nórdico a la cultura de esos años sea paródico y cínicamente conformista, pero para nuestras periféricas mentes de auditores del Tercer Mundo parece ser la base de una cosmovisión, que aún se atreve a soñar y a proponer utopías; creemos que ese y no otro es el motivo de nuestra exposición en este lugar que, como resulta obvio, trasciende aún el espacio del rock.
Así como la música cumple un rol integrador en la vida del ser humano, terminamos proponiendo nuevamente el rescate de nuestra memoria vital en la música nacional. Si hemos titulado esta ponencia con el lema de una canción de Los Vidrios Quebrados es porque creemos que, aún en las etapas más silenciosas, puede oírse con estruendo la música de la vida.
¿Silencio en la Música Popular Chilena?: Seminario sobre los Problemas Actuales de la Música Popular en Chile. 17 y 18 de Junio de 1993, Sala SCD Organizado por la División de Cultura del Ministerio de Educación, la Sociedad Chilena del Derecho de Autor y la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Publicado en Abril de 1994. Págs. 113-114..